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UN HAZAÑA MUY ESPECIAL


(www.navojoasports.com) 25 Abril 2015
Por: Arturo de la Mora Yocupicio
Si usted falleciera en este momento, ¿qué le dejaría a sus hijos? Propiedades, educación, amistades, enseñanzas y recuerdos serían algunas de las respuestas. Duro el escenario pero posible. En muchas familias es costumbre que los hijos tengan el mismo nombre del papá. Sinceramente nunca he preguntado el motivo de ello pero puedo atribuirlo a que depositan en esa criatura una gran esperanza u orgullo. 

Si reflexionamos sobre lo que dejaríamos a nuestros hijos, el nombre podría ser una gran herencia y, quizá, una enorme responsabilidad. Hace días, miraba entrenar a Julio César Chávez Jr. y era inevitable recordar al Gran Campeón (su papá), como lo reconocía Óscar De la Hoya antes de enfrentarse por primera vez. En cada pelea, imagino que el junior debe sentir una gran presión por igualar lo que hacía su padre. Sabemos que las comparaciones son odiosas. La “barda” está muy alta pero el reto del hijo es claro: continuar la leyenda.

Sin considerarme experto en boxeo, comento lo anterior ya que tuve la suerte (como muchos que leen) de ver las inolvidables y heroicas peleas de Chávez. Con los récords que dejó su padre, el junior tiene una tarea bastante difícil. En pocas palabras, Chávez Jr. tiene un “paquetón” como se dice coloquialmente. Lo mismo sucede en el béisbol, sobre todo cuando los hijos eligen seguir los pasos del papá. Debe sentirse bonito cuando te recuerdan las hazañas a tu padre pero debe ser muy comprometedor enfocarse en igualarlas.

Hace poco tiempo tuve la oportunidad de acompañar a un querido amigo que luchaba por su vida. Muy apreciado en el ambiente beisbolero. Su buen humor era tal que hasta en los peores momentos lo hacía mantenerse firme. Siempre te regalaba una sonrisa.

Mi amigo practicó el béisbol por muchos años y su retoño le siguió los pasos. Jugué al lado de su hijo pero nunca con su papá. Me quedo con el gran carisma y trato que le distinguía. Era ganadero y una de sus célebres expresiones cuando hablaba de negocios era “En un año llovedor todo se nos iba a pagar”. 

Me enteré que había fallecido y busqué acompañarle en sus últimos momentos antes de ser sepultado. Desafortunadamente, llegué unos minutos tarde a su misa. Al abrir la puerta era impresionante la cantidad de personas que estaban presentes. No cabía un alfiler en ese lugar. Para poder permanecer dentro de la ceremonia prácticamente tuve que “detener” la puerta ya que de otra manera me quedaba afuera.

Al término de la misa, su hijo subió a dar unas palabras de agradecimiento a quienes estábamos presentes. El silencio imperaba y tras las primeras palabras que se daban volvieron otros segundos de silencio. El nudo en la garganta y la voz quebrada hacía más triste el momento. Vaya firmeza que mostró su hijo ante la multitud. A los días platiqué con su hijo y le pregunté qué sintió cuando miró la iglesia llena. Fue emocionante su respuesta llena de orgullo. Le dije “Qué herencia tan grande les dejó tu papá”, refiriéndome a la cantidad de gente en la iglesia. ¿Qué hizo este hombre para haber llenado la iglesia?

Desconozco a cuánto ascienden las propiedades materiales que les dejó pero lo que quedó muy claro era la cantidad de personas que lo estimábamos. Tampoco puedo evaluar si al hijo le “pesa” el nombre de su papá en lo deportivo. 

También puedo asegurar que dejó un récord muy difícil de igualar: llenó la iglesia y considero que eso no es tarea fácil. 

Y usted, ¿qué le dejaría a sus hijos en este momento?